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Things were easier when we played music!
( br004, 2004 )



Más electrónica y más rock'n'roll. Esto es lo que ofrece el segundo elepé de Holland Park: Things were easier when we played music!

Coincidiendo con su llegada a Barcelona, el sonido de Holland Park ha evolucionado sensiblemente. El nuevo disco es más crudo y duro, como se puede descubrir en canciones como Do you love everybody or do you hate everyone o la estroboscópica Run away from here. Un mundo urbano, más oscuro aunque igual de diverso y sorprendente que su debut, del que mantienen el trato cuidado de las melodías.

En el nuevo disco de Holland Park caben desde el pop electrónico de Game over o Our saints were there hasta la distorsión bruta de Fire o Do you love everybody or do you hate everyone. Con Summer bugs se ríen de los White Stripes usando sus propias armas.

En este segundo asalto, Holland Park ha liquidado la sección rítmica para dar voz a las máquinas. Como demostraron en el Primavera Sound, no les hace falta una batería para dar un concierto demoledor. Aguanta solo el núcleo duro de la banda, con Jaume Pla y Paco Jordi a las guitarras y Ritchie Álvarez al teclado. Entre ellos se ha impuesto la democracia: todos componen y todos cantan. Aunque el disco está autoproducido, en el resultado final se nota la masterización de Pau Arumí, colaborador habitual de la escudería BankRobber.

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Welcome to Holland Park
( br001, 2002 )

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Jaume, la voz cantante de Holland Park, se resfría con extrema facilidad. Sus inviernos se convierten en un rosario de kleenex y no es nada raro, pues, que sus canciones miren hacia el buen tiempo. Sobran ejemplos en el disco de debut de la banda, Welcome to Holland Park, una sucesión de piezas luminosas y directas dónde rara vez diciembre le gana la partida a agosto. Llegaron al extremo de utilizar la palabra Summer como password de su buzón electrónico. Lo cambiaron velozmente al revisar estas líneas.

La principal víctima de los resfriados de Jaume ha sido, por tradición, Ritchie, un personaje que pasó su infancia echando pedradas al grupo punky de su pueblo. De mayor, decidió cambiar las piedras por el teclado. Debutó con el grupo a lo grande, en el Villarock de Bilbao, poco antes que llegara Paco, cargado con su guitarra, su trombón y sus patillas. Los tres empezaron la larga búsqueda de bajista, un momento crucial y dramático que todo grupo tiene que superar. La solución se llamaba Pep, robado al ska y convertido a la causa del pop. Pulsa las cuerdas con sobriedad, precisión y sin darle al slap, afortunadamente. Os preguntaréis qué fue del batería. Prefiere ocultar su nombre y declararse en huelga debido a los puntapiés que recibe su instrumento durante los conciertos.

Sobre las tablas, Holland Park juegan al estilo Cruyff: Control del balón, fútbol ofensivo y ningún pelo en la lengua. Se entrenan en el estudio casero de La Bisbal (Girona), la base de operaciones que sólo abandonan para dar conciertos o, hasta hoy, para perseguir estrellas con su maqueta. La tienen ya Jarvis Cocker, Mani de Primal Scream, Stuart Murdoch y el alma de Creation, Alan McGee. Ninguno de ellos ha respondido. De momento. En cambio, sí ha sonado el teléfono para reclamar un par de canciones para la película Krámpack y dos más para el Club del Single de Houston Party Records. En la agenda, otra banda sonora: World of child aparecerá en la serie de animación Motel Spaghetti.

Cuando predominan los grupos de sonido homogéneo y reconocible, Holland Park responde con un rompecabezas donde ninguna de las piezas parece encajar con la precedente. Milagrosamente, se complementan. Welcome to Holland Park es una crónica de la música de las últimas cuatro décadas, aunque sin lugar para la nostalgia. Se atreven con la psicodelia, el power pop y el punk, y no les da corte probarse el disfraz breakbeat que Bombjack ha diseñado para End of a summer. Su marca de fábrica se halla en las harmonías vocales, presentes hasta en las piezas más eléctricas. Escuchad Radio Girl o Colombo, dedicada al detective mediático.

Holland Park es una banda de rock’n’roll que toca música pop. Para ellos sólo existe un dogma, robado de un single de The Tams:


Be young, be foolish, be happy!


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